Principios Universales Alquimia del Conocimiento

Vaya al Contenido

Menu Principal:

Principios Universales

 
 
 
 
 
 
 


«Donde caen las pisadas del maestro, los oídos de aquellos listos para su enseñanza 
se abren de par en par.»

«Cuando los oídos del estudiante están listos para oír, vienen los labios a llenarlos con sabiduría.»

«Los labios de la sabiduría están cerrados, excepto para los oídos del entendimiento.»

 
 

Existe una Sabiduría Universal, reconocida interiormente por toda la Humanidad, y reconocida por todas las Grandes Religiones de libro y la multitud de corrientes ideológicas, místicas y espirituales. Este Conocimiento es recogido en el Kybalion, (texto en el que se basa este apartado). Su fundador es, Hermes Trismegistus, el Escriba de los Dioses, residió en Egipto en los días que la humanidad presente estava en su infancia. Contemporáneo de Abraham, y, si las leyendas son verdaderas, un instructor de ese venerable sabio, Hermes fue, y es, el gran sol central del ocultismo, cuyos rayos han servido para iluminar las innumerables enseñanzas que han sido promulgadas desde su tiempo.
Sabios de todas las tierras del Mundo fueron a conocer a Hermes, considerado como el Maestro de Maestros. Su influéncia fue tan grande que se reconoce su sabiduria alrededor del mundo hasta día de hoy. El estudiante de las religiones comparadas puede percibir la influencia de las enseñanzas herméticas en toda religión conocida. Hay siempre una cierta correspondencia a pesar de los rasgos contradictorios, y las enseñanzas herméticas actúan como el gran reconciliador.
 
 
Filosofía Hermética
Del antiguo Egipto han llegado las enseñanzas esotéricas y ocultas fundamentales que han influenciado tan fuertemente las filosofías de todas las culturas, naciones y gentes, por varios miles de años. Egipto, el hogar de las pirámides y la esfinge, fue el lugar de nacimiento de la sabiduría escondida y las enseñanzas místicas: todas las naciones han tomado prestado de su doctrina secreta. India, Persia, Caldea, Medea, China, Japón, Asiria, la Grecia y la Roma antigua, y otros antiguos países

En Egipto estaba localizada la gran logia de logias de los místicos. A las puertas de sus templos entraban los neófitos, quienes posteriormente, como hierofantes, adeptos y maestros, viajaban a los cuatro rincones de la tierra, llevando consigo el precioso conocimiento que estaban preparados, ansiosos y deseosos de traspasar a aquellos que estuviesen listos para recibirlo.

Era conocido como Hermes Trismegistus. Él fue el padre de la sabiduría oculta; el fundador de la astrología; el descubridor de la alquimia. Los detalles del relato de su vida están perdidos para la historia debido al lapso de los años, aunque varios de los países antiguos disputaron uno con el otro en sus alegatos por el honor de haber suministrado su lugar de nacimiento, y de esto hace miles de años. La fecha de su residencia en Egipto, en esa su última encarnación sobre este planeta, no es conocida ahora, pero ha sido fijada en los primeros días de las más viejas dinastías de Egipto -mucho antes de los tiempos de Moisés-. Las mejores autoridades le consideran como un contemporáneo de Abraham, y algunas de las tradiciones judías llegan a afirmar que Abraham adquirió una porción de su conocimiento místico a partir de Hermes mismo.

Conforme los años rodaron tras su partida de este plano de vida (registrando la tradición que vivió trescientos años en la carne), los egipcios deificaron a Hermes, y le hicieron uno de sus dioses, bajo el nombre de Thoth. Años después, la gente de la Grecia antigua también le hizo uno de sus muchos dioses -llamándole «Hermes, el dios de la Sabiduría»-. Los egipcios reverenciaron su memoria por muchos siglos -sí, decenas de siglos- llamándole «el escriba de los dioses», y confiriéndole, honoríficamente, su antiguo título, «Trismegistus», que significa «el tres veces grande», «el gran grande», «el grande más grande», etcétera. En todos los países antiguos el nombre de Hermes Trismegistus fue reverenciado, siendo sinónimo el nombre con la «fuente de la sabiduría».

Las enseñanzas herméticas han de encontrarse en todas las tierras, entre todas las religiones, pero nunca identificadas con ningún país particular, ni con ninguna secta religiosa particular.
Esto en razón de la advertencia de los antiguos instructores contra el permitir a la doctrina secreta que se volviese cristalizada en un credo. La sabiduría de esta amonestación es evidente para todos los estudiantes de la historia.

El antiguo ocultismo de India y Persia degeneró, y fue grandemente perdido, debido al hecho de que los instructores se volvieron sacerdotes, y mezclaron así la teología con la filosofía, siendo el resultado que el ocultismo de India y Persia ha sido perdido gradualmente entre la masa de superstición religiosa, cultos, credos y «dioses». Así fue con la Grecia y la Roma antiguas. Así fue con las enseñanzas herméticas de los gnósticos y los cristianos primitivos, que se perdieron en el tiempo de Constantino, cuya mano de hierro asfixió la filosofía con la manta de la teología, perdiendo para la Iglesia cristiana lo que era su misma esencia y espíritu, y haciéndola buscar

«Arte de la alquimia hermética», el cual, contrariamente a la creencia general, trataba del dominio de las fuerzas mentales, antes que de los elementos materiales -la transmutación de una clase de vibraciones mentales en otras, en vez del cambio de una clase de metal en otro-. Las leyendas de la «piedra filosofal» que convertiría el metal bajo en oro, eran una alegoría relacionada con la filosofía hermética, rápidamente entendida por todos los estudiantes del verdadero hermetismo.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Regreso al contenido | Regreso al menu principal